Narraciones bíblicas que animen a hacer el bien

Selección, trabajo y comentarios de los textos: Antoni Ferret

Coberta del llibre "Narracions bíbliques que animin a fer el bé"
Cubierta del libro Narraciones bíblicas que animen a hacer el bien

Al final de esta página se puede leer el libro en formato PDF (bilingüe).

Versión web del libro:

Presentación

Es bueno que trabajadores, trabajadoras y gente normal quieran conocer “algunos” textos bíblicos (pocos y buenos), sobre todo textos que sean poco religiosos y muy humanistas. Justamente yo afirmo que son así, precisamente, los más ligados, de verdad, a cualquier nexo, directo o indirecto, divino-humano. Efectivamente, resulta que todo aquello que viene, o podría venir, del Creador o de Jesús, no acostumbra a ser muy “religioso”. Y no es algo paradójico, como se podría pensar, sino que es lo más normal del mundo. Acostumbran a ser, en cambio, muy humanistas.

Desconfiemos de lo que sea “muy” religioso. No quiero decir que no lo tenga que ser, pero en la medida justa, y siempre, siempre, solo para quien sea creyente. Pero lo humanista tiene que ser, sin complejos de ningún tipo, fuertemente compartido.

Es con este espíritu que doy a leer, a quien quiera hacerlo, unas muy cortas narraciones bíblicas especiales para estimular a hacer el bien.

Antoni Ferret

Rut, la muy fiel compañera

Libro redactado, probablemente, después del exilio de Israel (587 aC – 538 aC). Es una historia imaginada. El objetivo es elogiar la actitud generosa de acompañamiento.

Noemí, mujer israelita, emigró, con su marido, a Moab (país limítrofe con Israel). Allí tuvieron dos hijos, que más adelante se casaron con dos mujeres moabitas; una de ellas era Rut. La desgracia se abatió sobre esta familia, y murieron los tres hombres, el marido de Noemí y los dos hijos. Quedaron las tres mujeres viudas.

Noemí, viuda y en un país extranjero, decidió volver al que había sido su pueblo, donde, al menos, tenía familia y un campo propio. Pero su nuera Rut no permitió que se fuera sola y, de todas maneras, la quiso acompañar. Dijo: «¡No insistas en que te deje, que me separe de ti y me vuelva! Donde vayas tú, quiero venir yo: donde vivas tú, quiero vivir yo. Tu pueblo será mi pueblo, tu Dios será mi Dios [esto era muy fuerte]. Donde mueras tú, allí moriré yo y allí seré enterrada.»

Una vez en Israel, su situación no era muy buena. Noemí tenía un campo, pero por ser mujer y por la edad, no lo podía trabajar. Rut dijo: «Déjame ir al campo de alguien que me mire de buen ojo y espigaré todo lo que no recojan los segadores.» Pero resultó que, por casualidad, fue a espigar al campo de Booz, propietario y familiar de Noemí. Cuando Booz la vio, se fijó en ella, y le dio todas las facilidades para que espigara en su campo. «¡Escucha, hija! No vayas a espigar en otro campo; quédate aquí y únete al grupo de mis sirvientas… Me han contado cuánto has hecho por tu suegra después de la muerte de tu marido…» Rut fue espigando en aquel campo hasta el anochecer. Después, batió lo que había espigado y salió medio saco de cebada.

Al llegar a casa, al saber que había estado espigando en el campo de Booz, Noemí tuvo una gran idea. Un día, le dijo: «Hija mía, tengo que buscarte un hogar donde puedas ser feliz… Esta noche Booz saldrá a ventear en la era la cebada. Lávate, pues, perfúmate, ponte el vestido bueno y baja a la era… Entonces, cuando él se vaya a la cama, te fijas dónde duerme; ve, le destapas los pies y te tiendes sobre ellos..» Booz se despertó y preguntó: «¿Quién eres?» Ella respondió: «Soy Rut, tu sirvienta. Extiende el manto sobre tu sirvienta, porque a ti te toca velar por mí.» Aquella noche durmió a sus pies, pero al día siguiente, Booz empezó los trámites para casarse con ella. Además, para comprar el campo de Noemí y ponerlo en valor.

«Entonces, Booz tomó a Rut por mujer. El Señor bendijo esta unión haciendo que Rut tuviera un hijo.» «Noemí tomaba al bebé, se lo ponía sobre el regazo y le hacía de niñera.» Así, Noemí siempre se sintió acompañada.


Tobit, una persona de bien

La novela bíblica didáctica “Tobit” fue escrita, según la crítica literaria, alrededor del año 200 aC. Pero el autor sitúa los hechos, y, por lo tanto, la novela, unos 500 años antes, entre finales del siglo VIII y todo a lo largo del VII aC.

Era la época superdesgraciada de después de la derrota y la destrucción de Israel del Norte, a manos de los ejércitos asirios. Y con la correspondiente deportación (ya definitiva) de la población israelita a territorio de Asiria. Paralelamente, el territorio del antiguo Israel del Norte fue repoblado con población asiria. Esta población asiria, con el tiempo, serían los llamados “samaritanos”, habitantes de la región ya llamada Samaria. (Los samaritanos también reconocerían a Yahvé como su Dios, pero siempre serían vistos por los judíos de pro como unos recién llegados, como unos seguidores de Yahvé, pero de segunda.)

Pues bien: el imaginado Tobit era un israelita deportado a Asiria, concretamente a la capital, Nínive. Cayó en gracia al rey Salmanassar, el cual le confió la dirección de las compras de la casa real, cosa que implicaba tener que hacer viajes a menudo, tanto a otros lugares de Asiria como a la vecina región de Media, donde también tenía compatriotas deportados e incluso familiares.

Aquí tenemos el primer punto importante de la narración: Tobit vivía en una cierta abundancia, y, como buena persona, aprovechaba este hecho para ayudar a compatriotas suyos, es decir, israelitas deportados que vivían en gran dificultad: Veamos como lo explica él mismo:

“En la vida de Salmanassar, yo hacía muchas caridades a mis hermanos israelitas. Compartía mi pan con los hambrientos y daba vestidos a quienes no tenían. Si alguna vez veía el cadáver de un compatriota abandonado detrás de las murallas de Nínive, lo enterraba.”

Pero… esa situación no duró siempre. Fijémonos que dice “en la vida de Salmanassar”. Muerto este rey, no solo ya no pudo continuar con su cargo, sino que su sucesor, Sennaquerib, lo persiguió y lo quería matar, porque Tobit enterraba, a escondidas, a los muertos que el mal rey hacía matar. Tuvo que huir, con su mujer, Ana, y el hijo, Tobías. Además, le confiscó todos los bienes. De todas formas, como la tarea de proveer el palacio recayó, ahora, en otro deportado, que era, precisamente, un sobrino de Tobit, su suerte no le volvió, pero sí pudo regresar con la familia a Nínive.

Y aquí tenemos otro punto neurálgico del relato, pero en relación a la trama de la novela, no en relación a su enseñanza positiva, como el que he señalado antes. Una de las consecuencias del cambio de situación fue que ya no pudiera viajar como antes. Ahora bien: en uno de sus trasiegos anteriores, había entregado en depósito una buena cantidad de monedas de plata a un familiar de Media, seguramente pensando utilizarla en otro viaje, que ya no pudo hacer. Y esto traería grandes consecuencias.

Pero antes de hablar de ellas, debemos decir algo grave. Como aquel refrán que dice que las desgracias nunca vienen solas, un día, habiéndose dormido en el jardín, le cayeron, desgraciadamente, unos excrementos de pájaro sobre los ojos, y, a pesar de los cuidados médicos, se le formaron unas membranas sobre los ojos y acabó perdiendo del todo la vista. Él aceptó la desgracia, como venida (o bien permitida) de Yahvé. Pero, a partir de entonces, se sintió muy desgraciado, durante muchos años.

Pero, ciego y desgraciado, nunca olvidó sus buenos principios. Lo veremos a continuación. Pasados años, con el hijo, Tobías, ya jovenzuelo, y reconociendo, como se lo decía, que “nos hemos vuelto pobres”, recordando las monedas de plata que, hacía tanto tiempo, había depositado en manos de la familia de Gabael, de la ciudad de Ragas, en Media, se decidió a pedir a Tobías, lo que él no podía hacer: emprender un largo y peligroso viaje hasta Ragas, y recuperar sus monedas de plata. El hijo aceptó, pero tenía que ir acompañado de alguien que conociera muy bien el camino. Encontraron, fortuitamente, un joven dispuesto, y con la promesa de que se le retribuiría bien. (Joven que el autor dice que era un ángel.)

Ahora bien, siendo el viaje seguramente largo, y pensando Tobit en la posibilidad de que antes del retorno él pudiera morir (como de hecho deseaba y pedía a Yahvé), hizo lo que en aquel tiempo hacían los padres a los hijos cuando estaban a punto de morir: bendecirlo, haciéndole las últimas (y en este caso, largas) recomendaciones. Lejos de mí reproducíroslas todas, pero sí algunas, que demuestran qué concepto de la vida tenía Tobit y quería que siempre tuviera su hijo.

Selecciono: “Hijo mío, acuérdate del Señor toda la vida. (…) Hijo mío, a quienes obren rectamente dales limosna con los bienes que tengas; cuando hagas caridad, no seas tacaño. No esquives a ningún pobre, y Dios no te esquivará. Haz caridad en proporción a los bienes que tengas. Si tienes muchos, da más; si tienes pocos, no te sepa mal dar una limosna más pequeña. Tendrás guardado un buen tesoro para el día de la necesidad. Porque la limosna libera de la muerte, te preserva de entrar prematuramente en las tinieblas mortales. Quién da una limosna ofrece al Altísimo una ofrenda excelente.” Tras pedirle que, sobre todo, escoja a una mujer del linaje de sus antepasados, continúa (pero esta vez es diferente: no habla de limosna, sino de justicia en torno al trabajo):

“No retengas el jornal que se haya ganado cualquier trabajador tuyo. Págale enseguida. Si sirves a Dios así, él te recompensará. Ve con cuidado, hijo mío, en todas tus acciones y compórtate como persona sensata. Lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie.” Después de recomendarle que evite la embriaguez, continúa, todavía: “Comparte tu pan con quien pasa hambre, y tus vestidos con quien va desnudo. Todo lo que te sobre, dalo en limosna, sin que te duela.”

Partieron, pues, Tobías y el joven acompañante, hacia la región de Media. Pero, al llegar, Tobías, supongo que por sentimientos familiares, y quizás por uno muy concreto, prefirió, en vez de ir directamente a la casa de Gabael, de Ragas, a recoger las monedas, hacer una visita, y una estadía, en la casa del también familiar Ragüel, de la ciudad de Ecbátana. Entre Ecbátana y Ragas había, según dice el libro, dos días muy buenos de andar.

Ragüel tenía una hija, Sara, que vivía sintiéndose muy desgraciada, y que no se quería suicidar, pero pedía a Yahvé la muerte, porque, increíblemente, se había casado con siete maridos y, los siete, uno tras otro, habían muerto, misteriosamente, antes de poder consumar el matrimonio. (Familiares y vecinos creían que era un “demonio” quien los mataba.) Tobías ya tenía su miedo de ser el octavo marido muerto, pero… el amor pudo más. Aquel mismo anochecer de la llegada, cenando, pidió la mano de Sara a Ragüel, el cual le aseguró que, en aquel momento, él era el único hombre que podía, y casi tenía la obligación, de casarse con ella, según las leyes israelitas, que decían que todo hombre tenía que casarse, preferentemente, con una mujer de su linaje.

Pues, sin perder tiempo, aquel mismo anochecer, Ragüel le concedió la mano de Sara, y, tras firmar el correspondiente documento, los dos jóvenes decidieron pasar la primera noche de boda. Todos estaban sufriendo, pero el joven acompañante había indicado a Tobías unas medidas de higiene, a base de purificar el ambiente de la habitación. La noche les fue bien, y al día siguiente, los padres de Sara, que habían pasado la noche con el corazón en vilo, tuvieron la alegría de verlos salir de la habitación vivos y muy contentos.

Ragüel ordenó una fiesta de boda que duró dos semanas, y en la cual se mataron dos becerras y cuatro carneros. Tobías no llegó a ir a Ragas a recoger las monedas, sino que envió al joven acompañante, que las trajo, al mismo tiempo que invitaba a Gabael a venir al banquete, para estar todos juntos. No hay que decir que Sara, finalmente, entró en la muy merecidísima felicidad.

Después de la fiesta de dos semanas, Tobías, Sara y el joven acompañante empezaron el largo y costoso viaje hacia Nínive, a reunirse con los padres, que estaban sufriendo por la gran tardanza. Cuando recibieron al grupo y, sobre todo, a la bonita Sara, sintieron una gran alegría, pero… faltaba lo mejor.

Así que Tobías vio a su padre, “corrió hacia él con el hiel del pez en la mano [de un pez que habían pescado durante el viaje]. Le sopló a los ojos y, cogiéndole fuerte, le dijo:

Confianza, padre.

Y le aplicó el remedio un buen rato. Después, con ambas manos, le arrancó de los ojos las membranas blancas, empezando por los lagrimales. Entonces el padre se le echó al cuello y, llorando, le decía:

¡Te veo, hijo mío, luz de mis ojos!”

Sara había recobrado la felicidad y Tobit había recobrado la vista. El autor da a entender que ambas cosas eran una amorosa intervención divina. Yo pienso que podría muy bien ser.

Sea como fuere, Tobit levantó los ojos y dijo:

¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea su santo nombre!

Acabadas las fiestas de la boda (las segundas), Tobit llamó a su hijo Tobías y le dijo: “Hijo, ocúpate de dar la paga a tu compañero de viaje, y añade algo más.

Tobías preguntó: Padre, ¿qué paga puedo darle? Ni que le dé la mitad de los bienes que me ha ayudado a llevar, todavía salgo ganando (…)

Tobit contestó: Hijo mío, es de justicia que reciba la mitad de todo lo que ha llevado.”

Así quedaron y así se lo dijeron. Pero el joven, entonces, les confesó que él era un ángel, que los había ayudado por voluntad divina, y que… evidentemente, él no cobraría nada.

Y, todavía, les dijo: “Vale más la plegaria sincera y la limosna acompañada de honradez que no la riqueza ganada injustamente. Es mejor hacer limosna que no amontonar oro. Ayudar a los pobres libera de la muerte y limpia de todo pecado. Quienes ayudan a los pobres se aseguran una larga vida.”

Llegados sus días, después de mucho tiempo, Tobit y su esposa murieron, después de haber vivido muy felices, practicando lo que ellos creían que tenían que hacer.

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Y ahora viene el momento de la sinceridad del autor, no el bíblico, sino un servidor.

En otro lugar, escribí que el libro de Tobit es una luz en la oscuridad. ¿Qué quiero decir, con esto? Ahora, hablando de este libro, tengo que explicarlo. A pesar de que esto me lleve a hacer una digresión al margen del escrito presente, lo más corto que pueda.

En los siglos VIII y VII aC, Israel vivió una época esplendorosa en el aspecto religioso (en el buen sentido de la palabra). Se dieron tres hechos totalmente excepcionales, sobre todo por la coincidencia entre ellos:

*Una relación muy especial del pueblo con Yahvé, de conocimiento, culto, amor y obediencia (poca). Sobre todo por los buenos profetas, que la hicieron posible.

*La acción enérgica de los buenos profetas, transmitiendo la pasión divina por el Derecho y la Justicia (en términos actuales: justicia social).

*La existencia de un buen rey, hecho excepcional en la historia, rodeado por buenos colaboradores. Escribieron unos libros, el Pentateuco, estableciendo, por un lado, un mito (estancia de los israelitas en Egipto, esclavitud, salida gloriosa, con ayuda especial de Yahvé, encuentro en el Sinaí…..), mito “necesario” para levantar la moral de un pueblo hundido por el desastre de la invasión y el destrozo de los ejércitos asirios.

Por otra parte, estableciendo un conjunto de normas sociales, interpretando las prédicas y condenas de los buenos profetas, en favor de la justicia y defendiendo la suerte de los pobres.

Entre otras cosas…

Esta coincidencia excepcional, me gustaría denominarla: Trilogía Gloriosa de Israel.

Por desgracia, duró dos siglos. La deportación (segunda deportación) a Babilonia, el retorno al país pero dependiendo de un gobierno extranjero, uno tras otro, y, como siempre, el egoísmo de los ricos, hicieron que aquel espíritu de justicia se fuera debilitando… Escritos del siglo V, de Nehemías y de Malaquías, denuncian que los principios no se cumplen…

Época blanda y oscura de Israel, los siglos que van del exilio al nacimiento de Jesús, nacimiento y misión que dan lugar a la segunda fase del mensaje cristiano.

Pues, en medio de esta mala época, alrededor del año 200 aC, y tras otro buen testimonio del libro de Siráside, aparece, casi milagrosamente, un libro que regresa al espíritu de la buena época, incluso, como habéis leído, de una manera entusiasta y repetitiva. Luego es una luz en la oscuridad. Quizás por poco tiempo… Por eso es un libro muy querido por mí, y querría que lo fuera por parte de mis lectores. (Solamente que yo le corregiría las palabras “limosna” y “caridad” por “ayuda”.)


Cantar de los cantares – Poema de amor (fragmentos)

Presenta una relación de amor entre un chico y una chica. Se había atribuido siempre al rey Salomón, pero no debe de ser así. La crítica literaria fija su composición entre los siglos V y III aC. Por lo tanto, no puede ser Salomón. Parece que eran varios poemas, que el autor bíblico juntó en uno solo. El objetivo del poema es exaltar el amor humano (psicológico y corporal) como un gran valor humano y divino. Pero criterios muy cerrados en este sentido han hecho que no hubiera interés a divulgar este libro. (Antoni Ferret)

Dice él

¡Que bellos, tus pies con las sandalias,

hija de príncipe!

Tu cintura se dobla como un collar

salido de manos de artista.

Tu ombligo es una copa redonda

donde nunca falta el vino aromático,

tu vientre es un montón de trigo

rodeado de lirios,

tus pechos son como dos cabritillos,

como dos gemelos de gacela.

Tu cuello es como una torre de marfil;

tus ojos como los estanques de Heixbon,

junto a la puerta de Bat-Rabim;

tu nariz, como la torre del Líbano,

que mira hacia Damasco.

Tu cabeza se levanta como el Carmelo,

de púrpura es tu cabellera,

un rey es prisionero de tus trenzas.

Que bella eres y fascinante,

amor mío delicioso.

Eres esbelta como una palmera,

tus pechos son los racimos.

Yo me he dicho: “Quiero montar a la palmera,

cogeré los ramos.”

¡Que tus pechos sean para mí como racimos de una viña,

el perfume de tu cara, como el de las manzanas!

Tu boca es vino exquisito,

que fluye suavemente hacia tu querido

chorreando sobre los labios adormilados.


Dice ella

Yo soy para mi amado

y a mí tienden todos sus anhelos.

Ven, amado mío, vámonos al campo;

haremos noche en las aldeas.

Madrugaremos para ir a las viñas,

veremos si brota ya la vid,

si se entreabren las flores,

si florecen los granados,

y allí te daré mis amores.

Ya dan su aroma las mandrágoras

y abunda en nuestras huertas toda suerte de frutos exquisitos.

Los nuevos, los añejos, que guardo, amado mío, para ti.

¡Quién me diera que fueses hermano mío,

amamantado en los pechos de mi madre,

para que al encontrarte te besara

sin que nadie se burlase de mí!

Yo te llamaría, y te entraría en la casa de mi madre,

en la alcoba de la que me engendró,

y te daría a beber vino adobado

y mosto de granados.

Su izquierda descansa sobre mi cabeza,

y su diestra me abraza cariñosa.


Dice él

Os conjuro, hijas de Jerusalén,

por las gacelas y las cabras montesas,

que no despertéis ni inquietéis a mi amada

hasta que a ella le plazca.

(Capítulos 7 y 8)

Nota: Es falso lo que indican ciertas ediciones, que sean «esposo y esposa». De ninguna manera. Se trata de un chico y una chica que todavía no tienen ningún compromiso (sin duda lo tendrán), que no tienen casa propia, que para encontrarse en intimidad tienen que ir a los viñedos, que ella desea (con suposiciones absurdas) llevarlo a casa de su madre, y «a la alcoba de su madre» (no se dice más, pero se supone), que no pueden besarse en público porque la gente del pueblo, que no sabe que tengan ningún compromiso (porque cuando lo tengan lo sabrá enseguida todo el mundo), lo encontrarían mal. Es verdad que él la llama a veces «hermana mía, esposa mía», como también «hermana mía, querida mía», y de otras formas. Son frases cariñosas varias.


Judit, la gran heroína

Historia imaginada, en un libro escrito en el siglo II aC, sobre un episodio que se habría producido en el siglo VI aC, en el curso de la batalla agresiva de Nabocodonosor, rey de Babilonia, contra Israel, guerra que sí tuvo lugar en este siglo. Pero el autor, para relativitzar más el contexto histórico, pone a Nabucodonosor como rey de Asiria.

El objetivo de la historia es demostrar que Dios siempre ayuda, pero nunca de manera gratuita, sino con un fuerte compromiso humano. El compromiso de Judit fue no solo fuerte, sino peligrosísimo, y pudo haber perdido mucho, incluso la propia vida. (Antoni Ferret)

__________________________

Hacía doce años que Nabucodonosor reinaba sobre los asirios en la gran ciudad de Nínive… / …Nabucodonosor, rey de Asiria, llamó a Holofernes, general supremo de su ejército… y le dio esta orden: … Ve hacia occidente, y lánzate contra todos los territorios que no obedecieron…

[Los israelitas estaban asediados en la pequeña ciudad de Betúlia, ante el poderoso ejército de Holofernes. En clara minoría. Estaban asustados y casi desmoralizados. Acordaron que, si en 5 días no se resolvía la situación a su favor, se rendirían a Holofernes. Pero Judit, una viuda, se opuso a este acuerdo, porque creía que era no tener suficiente confianza en Dios.]

Autoridades de Betúlia, os ruego que me escuchéis. No es correcta la propuesta que habéis hecho hoy al pueblo… / ¿Quiénes sois vosotros para tentar a Dios, como habéis hecho hoy…? … / Yo llevaré a cabo una acción que será recordada por todas las generaciones… / Antes del plazo que habéis fijado para que la ciudad se rinda a nuestros enemigos, el Señor se valdrá de mí para salvar a Israel.

[Acompañada de una sirvienta, se dirigió hacia el campamento enemigo. Le preguntaron:] / ¿De qué bando eres? ¿De dónde vienes y adónde vas? – Soy hebrea. Huyo de mi gente, porque pronto serán puestos en vuestras manos… / Cuando Judit llegó a la presencia de Holofernes y sus oficiales, todos quedaron admirados de su belleza. Judit se prosternó ante él con la frente en tierra… – Holofernes dijo a Judit: Tranquila, mujer, no tengas miedo. / [Le fue adjudicada una tienda, y ella pidió, y le fue concedido, que cada noche pudiera salir del campamento para hacer sus oraciones en solitario. De este modo se aseguraba poder entrar y salir del campamento libremente.] / Los tres días que estuvo en el campamento salía hacia el torrente de Betúlia y se bañaba… / Entraba purificada a su tienda y en ella estaba hasta que al atardecer le servían la cena.

El cuarto día, Holofernes ofreció un banquete reservado a sus ayudantes. / Bagoes fue a encontrar a Judit y le dijo: Una chica tan bonita no tendría que dudar en presentarse a mi señor para recibir sus honores… / Judit le respondió: ¿Y quién soy yo para contradecir a mi señor? Lo haré a gusto… / Al verla, Holofernes se sintió conmovido y trastornado. Estaba encendido por el deseo de poseerla. / Se sentía tan cautivado por Judit, que iba bebiendo más y más vino.

Todos se fueron a dormir, rendidos de tanto como habían bebido. / Holofernes, harto de vino, se había dejado caer encima de la cama. / Todo el mundo se había retirado. / Entonces Judit, de pie junto a la cama de Holofernes, dijo interiormente: Señor, Dios todopoderoso, mira benigno en esta hora lo que ahora haré… / Judit se acercó a la columna de la cabecera de la cama y descolgó el sable… / y dijo: Señor, Dios de Israel, hazme fuerte en este momento. / Con toda su fuerza, le dio dos golpes al cuello y le cortó la cabeza en redondo. / [Hizo entrar a la sirvienta, y pusieron la cabeza de Holofernes dentro del zurrón de las provisiones. Y salieron. Cuando llegaron a Betúlia, los israelitas tuvieron una enorme alegría, porque no creían que pudiera volver.] Mirad: es la cabeza de Holofernes. / El Señor se ha valido de una mujer para hacerlo morir. / Mi rostro ha seducido a Holofernes para su perdición, pero él no ha hecho en mí nada malo que me pueda infamar o avergonzar. [Poco después, los israelitas atacaban el campamento asirio.] Bagoes entró y llamó a la alcoba de la tienda, suponiendo que Holofernes dormía con Judit. / Entonces se puso a gritar muy fuerte… [El hecho causó un impacto tan grande a los soldados asirios, que huyeron en desbandada. E Israel se libró de ellos.]


Libro de los salmos – Muestra de seis salmos, con sus versículos más representativos

Nota: Los salmos no son textos ni normativos ni temáticos. Son tan solo expresiones íntimas de una persona hacia el Creador, de amor, de frustración, de demanda de ayuda, de elogios… Y casi siempre según la situación o estado de la persona. Cualquier afirmación de un salmo no tiene que ser nunca dilucidado sí es cierta o no. La persona dice lo que siente.


Salmo 16

Guárdame, Dios mío, en ti encuentro refugio

Señor, heredad mía y cáliz mío,

tú me has elegido la posesión;

la parte que me ha tocado es deliciosa,

me encanta mi heredad.

Bendito sea el Señor, que me da buen juicio.

Hasta por las noches instruye a mi corazón.

Siempre tengo presente al Señor;

con él a mi derecha, nunca caeré.

Mi corazón se alegra y está de fiesta todo mi ser,

hasta mi cuerpo descansa confiado:

no abandonarás mi vida en medio de los muertos

ni dejarás caer a la fosa a quien te quiere.

Me mostrarás el camino que lleva a la vida:

alegría y fiesta abundantes ante ti;

a tu lado, delicias para siempre jamás.

_________________________________________


Salmo 22

Dios mío, Dios mío,

¿por qué me has abandonado?

No vienes a salvarme,

ni te llega mi clamor.

Llamo de día y no me oyes, Dios mío;

llamo de noche, sin reposo.


Salmo 23

El Senyor es mi pastor:

nada me falta.

Me deja descansar en prados deliciosos,

me lleva al reposo junto al agua,

y allí me reconforta.

Me guía por caminos seguros,

por amor de su nombre;

ni pasando por un valle tenebroso,

no temo mal alguno.

Tú, Señor, estás a mi lado:

tu vara y tu bastón

me dan confianza.

……

Es bien cierto, toda la vida me acompañan

tu bondad y tu amor.

Y viviré años y más años

en la casa del Señor.

______________________________


Salmo 42

Como la cérvola se deleita por las fuentes de agua,

también me deleito yo por ti, Dios mío.

Todo yo tengo sed de Dios,

de Dios que me es vida.

¿Cuándo podré ir a ver a Dios frente a frente?

Las lágrimas son mi pan

por la noche y de día,

y a todas horas me dicen:

“Dónde está tu Dios?”

Yo desahogo mi corazón apenado

recordando cuando iba en procesión

hacia la casa de Dios,

en medio de un encuentro festivo,

con gritos de alegría y de alabanza.

¿Por qué esa tristeza, alma mía?

¿Por qué esa turbación?

¡Espera en Dios!

Yo te volveré a alabar,

Salvador mío y Dios mío.

__________________________________


Salmo 63

Tú eres mi Dios, Señor; al amanecer te busco.

Todo yo tengo sed de ti,

por ti se desvive mi corazón

en tierra enjuta, sedienta, sin agua.

Yo te contemplaba en el santuario

cuando te veía glorioso y poderoso.

El amor que me tienes es mejor que la vida;

por eso mis labios te alabarán.

Que toda la vida te pueda bendecir

y levantar las manos alabando tu nombre.

Saciado de lo bueno y lo mejor,

te alabaré con el gozo en los labios.

Cuando desde la cama te recuerdo,

paso las noches pensando en ti,

porque tú me has ayudado,

y soy feliz bajo tus alas.

Mi alma se ha enamorado de ti,

me sostiene tu mano.

……

____________________________


Salmo 67

Que Dios se apiade de nosotros y nos bendiga,

que nos haga ver la claridad de su mirada.

La tierra conocerá tus designios

y todos los pueblos verán la salud.

¡Que te alaben las naciones, Dios nuestro,

que te alaben todos los pueblos a la vez!

Que se alegren los pueblos y griten de gozo:

tú gobiernas las naciones con justicia

y guías todos los pueblos de la tierra.

¡Que te alaben las naciones, Dios nuestro,

que te alaben todos los pueblos a la vez!

La tierra ha dado sus frutos:

el Señor, nuestro Dios, nos bendice.

¡Que Dios nos bendiga

y que lo veneren de un cabo al otro de la tierra!

____________________________________

Versión PDF del libro (bilingüe):

narracions-1

Pueden descargarse el pdf siguiendo este enlace. También disponible en la plataforma LEKTU.

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